En el campo plástico / ideológico me propongo señalar la lógica perversa de un sistema económico, que genera más y más exclusión e inequidad y dar cuenta de una sociedad profundamente fragmentada, entre una clase privilegiada que tienen acceso al mundo del hiperconsumo y la gran masa de excluidos que viven de los desechos del sistema. En ultima instancia, el sistema todo lo reduce a mercancía y los seres humanos no escapamos a esta lógica… los sujetos son, para la ideología del poder establecido, antes que persona “entes productivos” siendo valorados en términos de productividad…cosificados e integrados o marginados, según su capacidad de incorporarse dócilmente, como fuerza de trabajo, a un sistema productivo que los explota…los violenta y los aliena….
La economía no esta al servicio de necesidades humanas básicas, sino del capital, la especulación financiera y la renta. En este proceso la fuerza de trabajo es enajenada y oprimida por la clase dominante, que convierte al productor en un medio -y no en un fin- instrumentando así la destrucción de su individualidad.
En tanto el poder trata al productor como una cosa y lo hace esclavo de las cosas, la sociedad consumista y burguesa legitima esta situación, convirtiéndose al igual que la familia –núcleo fundamental de la sociedad capitalista- la escuela, la empresa privada, el mundo productivo, la fabrica, la policía, la cárcel, los asilos psiquiátricos, el ejercito, la iglesia, los partidos políticos y los poderes del estados en estructuras violentas y represivas, e igualmente alienantes…lo mismo puede afirmarse de la universidad y de los –mass media- medios de comunicación de masas, instituciones pseudoliberales devenidas en grandes corporaciones mediáticas, que manipulan información en un caso o conocimientos en otro. Aquí es inevitable recordar que allí donde no hay libertad de expresión existe además un derecho violentado.
En síntesis, nuestra sociedad nos impone una forma de vida impropia e indigna, ajena a nuestros propios y legítimos intereses, y nos conduce dramáticamente hacia la locura o la muerte.
En este sentido, propongo una poética que denuncie esta situación incorporando material descartable y deshechos tomados de la calle, como construcción de una metáfora capaz de confrontar a un sistema ciego, cínico e injusto, estimulando asimismo un pensamiento crítico, creativo y decididamente operativo.
En este contexto, es oportuno señalar la importancia de superar actitudes nihilistas, para comprometerse activamente en el cambio. Dejar de ser espectadores indiferentes, cómplices del sistema, para ser protagonistas, desafiando cualquier intento de disciplinamiento represivo.
Y para cambiar este mundo… debemos comenzar por cambiar nuestra propia vida… recuperar el poder de decisión y actuar con determinación para construir una sociedad que nos incluya a todos, modificando radicalmente las instituciones políticas y económicas.
El arte como instancia de ruptura con el poder establecido es conciencia de una dimensión política capaz de revincularnos con la utopia de una sociedad libre.
La obra plástica de Ugo Orsatti es el reflejo mas intimo, de la vivencia fragmentada del sujeto que habita el entorno urbano del nuevo siglo. El artista se asume como cronista de una época, que se extravía de forma alienante en un mundo de mercancías.
Por un lado los fetiches de la burguesía y por el otro la tragedia de quienes ya no pertenecen al sistema, y a ellos les canta con intensidad lírica. La propuesta se sitúa en un mundo decadente de desigualdad e injusticia, siendo la exclusión el nuevo paisaje urbano del siglo que comienza.
El arte no esta para decir lo que ya sabemos, esta pensado para perturbar, tiene que ser algo vivo.
MARCOS FEIMANN